LA INTERPRETACIÓN DE CONFERENCIAS
La interpretación de conferencias es una profesión relativamente nueva. Surge en el siglo XX. Por lo general, se considera que la interpretación consecutiva se practica por primera vez tras la Primera Guerra Mundial, durante las conversaciones que condujeron a la firma del Tratado de Versalles. Hasta entonces, el francés era el lenguaje de la diplomacia pero el inglés adquirió mucha importancia después de la guerra por razones evidentes. Así que hubo que traducir del inglés al francés y del francés al inglés. Alguien pronunciaba un discurso y acto seguido, un intérprete, decía lo mismo pero en otro idioma. En la época de entreguerras, se formó un equipo de intérpretes de consecutiva que trabajaban en la Sociedad de Naciones del inglés al francés y del francés al inglés. La mayoría de los autores opinan que la interpretación simultánea se utilizó por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial, durante el Juicio de Nuremberg. En cualquier caso, la interpretación simultánea no sólo se puso de moda después de la segunda guerra mundial sino que se hizo imprescindible en la ONU, en muchas otras organizaciones internacionales que se crearon entonces y en todas las que vendrían después.
La
traducción oral o interpretación existe desde tiempo inmemorial, desde que
entran en contacto dos personas que hablan lenguas distintas y necesitan a
alguien, a un intérprete (profesional o no), para poder entenderse.
Cualquier persona que
conozca al menos dos lenguas diferentes y que consiga que se entiendan dos
personas que no conocen el idioma del otro, está interpretando. ¿Quién no ha
hecho sus pinitos para ayudar a un amigo extranjero a entenderse con otro amigo
nacional o ha explicado la carta de un restaurante a los colegas que no
entendían la lengua en la que estaba escrita? A esa interpretación la podríamos
llamar de « aficionados ». Cuando la hace un profesional se le llama
« de enlace ».
Sin embargo, para ser
intérprete de conferencias, no basta con conocer dos lenguas diferentes. Hay
que haber hecho estudios universitarios de interpretación y aprobar unos exámenes
de acceso a una organización internacional O ser licenciado universitario con un buen conocimiento de varios
idiomas y aprobar los mismos exámenes. O simplemente establecerse como
intérprete y… tener clientes.
La interpretación consecutiva fue la primera en practicarse pero hoy día ha
quedado desfasada por la pérdida de tiempo que implica. Ha quedado relegada en la
práctica, con o sin toma de notas, a visitas de alto nivel, discursos
pronunciados durante comidas de trabajo donde sólamente se trabaja con dos
idiomas, y a poco más.
También,
se suele recurrir a ella en reuniones bilingües: un orador pronuncia un
discurso y cuando acaba, el intérprete lo reproduce en otra lengua. Se puede
realizar con o sin toma de notas. Normalmente, no se toman notas cuando se
interpreta durante un diálogo porque las intervenciones suelen ser breves. A
esta variedad de interpretación consecutiva se la denomina interpretación de
enlace. Es mucho más fácil que la interpretación con toma de notas. Cualquiera
que conozca dos lenguas la puede hacer con más o menos garantías. Sin embargo,
la interpretación con toma de notas es un arte que muy pocos dominan. Influyen
en ella, no sólamente el conocimiento de las dos lenguas, sino la memoria, un
buen sistema de símbolos y abreviaturas para la toma de notas y el dominio de
esta técnica.
Evidentemente, hoy día, con las modernas cabinas
insonorizadas de las Organizaciones Internacionales y Palacios de Congresos, ha
quedado obsoleta. ¡Imagínense que en foros como el Parlamento Europeo hubiera
que esperar a que un discurso se pronunciara en lengua original y después se
tradujera consecutivamente a las otras diez lenguas oficiales de la Unión
Europea!
Curiosamente, la interpretación consecutiva es prueba
eliminatoria en los exámenes de acceso a Comisión y Parlamento Europeos. Sin
embargo, no lo es en muchas otras organizaciones internacionales.
Como
hemos dicho, la interpretación simultánea se practicó por primera vez en el
Juicio de Nuremberg donde los idiomas utilizados fueron francés, inglés, alemán
y ruso. En aquel entonces, no había cabinas insonorizadas sino una mampara de
cristal delante de los intérpretes que, por otra parte, se iban pasando el
micrófono cada vez que les tocaba trabajar. Nada que ver con las cómodas,
espaciosas e insonorizadas cabinas de algunas grandes organizaciones
internacionales hoy día. Pero no sólo han cambiado las condiciones de trabajo,
también ha cambiado la aptitud profesional del intérprete, su combinación
lingüística, los temas de los congresos, etc. A título de ejemplo, los primeros
intérpretes no solían tener más de una lengua de trabajo. Los de ahora, en
cambio, no tienen menos de tres.
Durante su trabajo, el intérprete está sentado en cabina,
oye un discurso pronunciado en una de sus lenguas de trabajo y lo repite en su
lengua activa, (lengua A) no simultáneamente, porque eso sería “adivinar el
pensamiento” sino con un ligero desfase. El intérprete debe oír y comprender.
Sólo entonces podrá interpretar.
La interpretación indirecta es la gran enemiga de los oyentes pero también de los intérpretes. Algunas veces es evitable pero siempre indeseable.
¿Qué es la interpretación indirecta ? Tomemos el ejemplo de la cabina española en el Parlamento Europeo. Si en una reunión del Parlamento en la que cada diputado puede hablar en su lengua materna hay 11 lenguas oficiales y tenemos en cuenta que en ninguna cabina están cubiertas las 11 lenguas, ¿qué hacen, por ejemplo, los intérpretes de cabina española cuando habla un finlandés (lengua no cubierta en cabina española), o un sueco o un danés (lenguas raramente cubiertas) ? Van a conectarse, en vez de al orador, a otra cabina que cubra esas lenguas, a recibir por sus auriculares la interpretación hacia ese idioma realizada por colegas suyos de otra cabina, (cada lengua minoritaria está cubierta al menos por dos cabinas) y a continuación, van a interpretar hacia el español. Esto no sucede únicamente en cabina española, también pasa en francesa, inglesa, alemana, etc. Sucede porque es imposible cubrir todas las combinaciones en todas las cabinas. El intérprete español « sacará » el finés de la cabina inglesa o francesa. El intérprete sueco podrá « sacar » el neerlandés de cabina alemana o el intérprete francés, el ruso de cabina española. Evidentemente, por muy buenos que sean los dos intérpretes, en mi opinión, el resultado final se resiente. Es como cuando queremos una copia de una diapositiva : la foto podrá ser buena, el fotógrafo también, pero tras dos filtros, el resultado final es un poco oscuro, no hay luz suficiente. En una organización como el Parlamento, la interpretación indirecta es un mal menor. En todo caso, deberá evitarse siempre que sea posible. Por último, esta situación muestra la dificultad y el carácter técnico del trabajo del intérprete. No es tarea fácil encontrar candidatos a intérprete que puedan cubrir ciertas combinaciones. Con el paro actual y con un trabajo bien pagado como el del intérprete, el hecho de que ciertas combinaciones no estén cubiertas es elocuente.
2. Formación
del intérprete
Los primeros intérpretes eran diplomaticos o funcionarios gubernamentales
que conocían varios idiomas. Para los Juicios de Nuremberg, se empezo a formar
a traductores, práctica que heredaría la ONU. Poco después, se crearon las primeras
Escuelas de Intérpretes: Ginebra,
París, Bruselas, etc. Hoy día, hay numerosas escuelas de intérpretes en
toda Europa con distintos sistemas de formación. Unas son escuelas superiores
de nivel universitario o facultades que combinan asignaturas generales
(geografía, historia, derecho, economía) con idiomas (fonética, gramática, lingüística,
traducción) y asignaturas de interpretación (consecutiva, simultánea y traducción
a la vista). Otras imparten cursos de posgrado a los estudiantes que acrediten
haber seguido estudios universitarios y conozcan varios idiomas.
En este momento, para ser intérprete, la vía a seguir es matricularse en
una de las muchas escuelas de interpretación que hay en España (o fuera de
España), elegir dos lenguas (aparte del español), acabar la carrera e intentar
ingresar en una organización internacional. Esta es la teoría porque la
práctica es otra.
En
primer lugar, la inmensa mayoría de las escuelas españolas, desgraciadamente,
mezclan durante toda la carrera traducción e interpretación. Sin embargo, se
trata de dos carreras distintas (aunque con una base común) que si bien tienen
una relación muy estrecha (una se centra en la palabra escrita y la otra en la
oral) requieren cualidades distintas. El resultado es reducir el número total
de licenciados o devaluar el diploma. En efecto, puede haber buenos intérpretes
que sean malos traductores y viceversa. Lo conveniente sería separar las dos
carreras, al menos, desde el tercer año como se hace en muchas escuelas
prestigiosas. Además, en España, apenas se dan unas pocas horas de
interpretación a la semana según los programas de enseñanza actuales. Sin
embargo, en las escuelas europeas más antiguas y prestigiosas, los ejercicios
de interpretación consecutiva y simultánea constituyen al menos un 50% de las
horas lectivas, a veces tres cuartas partes. ¿Cómo se pretende formar a
intérpretes si no se practica la interpretación?
Finalmente, en muchas escuelas, ¡las clases
no las dan intérpretes! Con todo respeto para filólogos y profesores de idiomas
que dan clases de interpretación, ¡que se le diga a un aspirante a piloto de
línea aérea que sus clases las va a dar alguien que no ha pilotado un avión en
su vida, o a un estudiante de medicina que el profesor que le enseña a operar
nunca ha operado él mismo! El resultado es evidente: fracaso. Al estudiante no
se le prepara para lo que le espera en los exámenes de entrada a la Comisión o
al Parlamento Europeo, o para la realidad cotidiana del trabajo del intérprete.
Y suspende. Hasta tal punto es triste la situación, que alumnos no españoles
(así como intérpretes de lenguas maternas distintas de la española) intentan
examinarse para trabajar en cabina española porque “hay menos competencia”.
Además,
en las escuelas se enseñan los idiomas de toda la vida (francés, inglés, alemán
e italiano). Y no interesan. Por supuesto, hay que conocer al menos dos de esos
tres pero lo que marca la diferencia y lo que es necesario en Bruselas son las
lenguas “deficitarias” o “exóticas”: finés, sueco, danés, neerlandés, griego,
etc. Y a medio plazo, las lenguas de los países candidatos al ingreso en la UE:
polaco, checo y húngaro. En todo caso, la prueba de que el conocimiento de esas
lenguas “exóticas” es lo que marca la diferencia es que gran parte de las
organizaciones internacionales están compuestas de embajadores o funcionarios
internacionales y todos sabemos que para aprobar su carrera tienen que saber
francés e inglés…
Hoy
día, el intérprete de conferencias es parte del entramado que hace funcionar no
sólo las organizaciones internacionales sino cualquier tipo de conferencia en
la que intervengan oradores que hablen lenguas diferentes. Sin embargo, se sabe
poco de su preparación, de su formación y de su trabajo cotidiano.
Entre los requisitos[1]
que debe reunir un aspirante a intérprete se cuentan los siguientes:
-
Dominio de la lengua activa: Por muy bien que se
conozcan las lenguas extranjeras si no se domina la propia no se podrá
transmitir adecuadamente el mensaje. El intérprete podrá entender lo que dice
el orador pero a él no le entenderá su « cliente ». El intérprete,
como el periodista, al estar en contacto con lenguas extranjeras, tiene que
tener cuidado especial con anglicismos y galicismos principalmente. Además, el
intérprete tiene una responsabilidad especial como posible canal de transmisión
de extranjerismos y calcos indeseables.
-
Buen conocimiento de las
lenguas pasivas: para interpretar es necesario un buen conocimiento de las lenguas de
trabajo. Si no entendemos el mensaje con todos sus matices no podremos
transmitirlo a quien nos escuche.
- Buena memoria para almacenar ingentes cantidades de
vocabulario en lenguas extranjeras y para poder hacer una buena interpretación
consecutiva con o sin toma de notas. Contrariamente a lo que piensan algunos,
el intérprete, no conoce el diccionario de la A a la Z. ¿Acaso hay alguien que
lo sepa ? Por consiguiente, tendrá que preparar todo tipo de reuniones
técnicas (fondo y forma) en las que se tratarán los asuntos más variados.
-
Amplia cultura general y
conocimiento de la actualidad nacional e internacional porque para traducir
hay que entender. Es decir: se debe conocer el vocabulario necesario en cuatro
o más lenguas (la A y las C). Evidentemente, no se puede saber de todo pero sí
se puede intentar. Cuando en una reunión política, se mencionan nombres y
apellidos de nativos de países donde se hablan otras lenguas, ayuda mucho, por
ejemplo, estar al tanto de la situación en Irak o en Serbia si se habla de
Sadam Hussein o de Milosevic. A causa de la dificultad fonética de repetir un
nombre extranjero desconocido pronunciado por un nativo, el intérprete podría
decir « Salam Malecum » en vez de Sadam Hussein o
« Mijatovic » en vez de Milosevic.
-
Capacidad de síntesis: se trata simplemente de saber separar la
paja del grano, de ordenar las ideas, de darle principio y fin a un discurso,
pies y cabeza. En resumen, de entender la argumentación del orador y de darle
forma en interpretación consecutiva.
- Curiosidad
intelectual porque hay que intentar entender un poco de todo, incluso de lo
que no nos gusta. No siempre vamos a trabajar en reuniones en las que se traten
temas que nos gusten o conozcamos bien.
-
Agilidad mental y capacidad
para mantener la concentración cuando se hacen varias cosas al mismo tiempo:
escuchar un discurso en una lengua C, entenderlo, traducirlo a una lengua A al
tiempo que se continua escuchando la continuación del discurso, a veces, con
ruido de fondo en la sala o mala calidad del equipo de sonido. Además, hay que
saber adaptarse a oradores con acentos distintos y que hablan sobre asuntos muy
diversos. Y sin poder distraerse un segundo, porque si se pierde el hilo del
discurso por un momento, se puede perder una frase o idea crucial para la
comprensión del mensaje.
- Capacidad para saber comunicar: el intérprete debe saber “ponerse en el lugar” del orador, sea cual sea la
profesión de este o su tendencia política, y debe saber transmitir su mensaje.
3. El
trabajo del intérprete
A menudo sucede, que los participantes en una conferencia
desean acortar en media hora el descanso del almuerzo o desean trabajar cinco
horas por la tarde. El jefe del equipo de intérpretes o el de conferencias se
niegan. Es posible continuar diez minutos pero no más. Esta negativa provoca a
veces la indignación de los participantes no asiduos a las conferencias con
interpretación simultánea y también la incomprensión de muchos “habituales”.
Esta situación se reproduce una y otra vez. Los participantes en ciertas
conferencias son delegados que vienen de sus países con un programa de trabajo
concreto y desean acabarlo antes de volver a casa. A ellos no les importa que
haya que pasar dos o tres horas más trabajando. Sin embargo, a ningún
trabajador, electricista, médico, abogado, maestro, etc, se le pide que trabaje
todos los días una, dos o tres horas más por el mismo sueldo. Los delegados
vienen un día o dos a una conferencia concreta pero el intérprete trabaja cada
día en una conferencia distinta en la que se suele repetir esta misma
situación. En todo caso, no es este el principal argumento que impide la
prolongación del horario de trabajo del intérprete, que por otra parte no ha
sido establecido arbitrariamente. Está comprobado que a partir de un cierto
número de horas de trabajo de interpretación, no se puede mantener la
concentración necesaria para desempeñar el trabajo y se producen errores si el
intérprete se ve obligado a continuar trabajando. El intérprete, simplemente,
ha llegado a su límite y no trabaja bien. Está “sobrecargado”, agotado
“mentalmente”. A todos nos ha pasado, cuando un delegado de un idioma concreto
que no entra en la combinación de nuestro colega ha hablado más de la cuenta (o
se ha hablado mucho en un idioma concreto) y hemos tenido que trabajar más de
media hora seguida, hacia los cuarenta minutos empezamos a entender menos, a
interpretar trabajosamente y a equivocarnos. Si seguimos trabajando, podemos
acabar con dolor de cabeza, o unos minutos más tarde, imposibilitados de
trabajar durante todo el día.
Por esa razon, el horario de trabajo del intérprete no es
comparable a la jornada de trabajo semanal habitual de otras profesiones. Según
la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (AIIC), el
intérprete debe trabajar jornadas de máximo seis horas divididas en sesiones de
mañana y tarde. El descanso para el almuerzo entre sesión y sesión debe durar
una hora y media. Por lo demás, en cualquier organización siempre hay dos
intérpretes en cabina en reuniones de menos de 5 idiomas y tres en reuniones,
por ejemplo, del Parlamento Europeo, donde casi siempre se utilizan las 11
lenguas oficiales.
La división del trabajo se hace por medias horas o por
discursos. Si se trabaja en debates, cada intérprete trabaja media hora. Si son
discursos escritos leídos rápidamente como sucede en los Plenos del Parlamento
Europeo, el cansancio es mayor y se suele trabajar por discursos. Además, en la
media hora de trabajo de su compañero, el intérprete se encarga de los
discursos o intervenciones pronunciados en una de sus lenguas de trabajo que no
entra en la combinación del compañero. Por ejemplo, mi combinación es francés,
inglés, neerlandés y ruso y la de mi compañero, francés, inglés, alemán e
italiano. Los discursos pronunciados en ruso o neerlandés durante su media hora
los haré yo y los pronunciados en alemán o italiano durante mi media hora los
hará él.
3.1 La interpretación en organizaciones internacionales y mercados
nacionales
Se
trabaja de distinta manera según se interprete para una organización
internacional o para una empresa privada. Los intérpretes que trabajan para las
organizaciones internacionales lo hacen habitualmente desde sus lenguas pasivas
o lenguas C hacia su/s lengua/s activa/s o lengua/s A. Es muy raro tener más de
una lengua activa. Las lenguas más utilizadas en las organizaciones
internacionales son las siguientes: inglés (con gran distancia respecto a las
otras), francés, español, alemán, ruso, italiano, neerlandés, etc.
A título de ejemplo, en la “familia” de la Unión Europea
(Parlamento Europeo, Comisión Europea, Tribunal de Justicia, etc), hay 11
lenguas oficiales: alemán, danés, español, finés, francés, griego, inglés,
italiano, neerlandés, portugués y
sueco. En la “familia” de la ONU, hay 6 (árabe, chino, español, francés,
inglés y ruso). En el Consejo de Europa, siete activas (francés, inglés,
alemán, español, italiano, ruso y turco) y nueve pasivas (las siete anteriores
más neerlandés y portugués). Aparte de que los oradores puedan hablar en las lenguas
anteriores y de que todos los discursos se interpreten hacia esas lenguas, se
podrá hablar también en neerlandés y portugués pero no habrá cabina neerlandesa
o portuguesa, es decir no se podrá escuchar la interpretación en lenguas
neerlandesa o portuguesa. Es decir, en este contexto, “lengua activa” significa
que se puede hablar y escuchar en esa lengua, y “lengua pasiva” que se puede
hablar en esa lengua pero que no habrá interpretación hacia esa lengua.
Sin embargo, en los mercados nacionales, hay muchas
reuniones de trabajo “bilingües”: español-inglés en España, francés-inglés en
Francia, etc. Por esa razón, los intérpretes suelen hacer la ida y la vuelta
(interpretación directa e inversa), es decir el mismo intérprete trabajará del
inglés al español y del español al inglés. La ventaja para la organización es
de reducción de costes. Pero, a menos que el intérprete sea uno de esos pocos
“doble A”, el resultado es pérdida de calidad porque no se puede luchar contra
la naturaleza… Moraleja: hay que intentar trabajar únicamente hacia la lengua
materna o activa, ¡que ya es suficiente trabajo! Y es que nunca podrá tener el
mismo conocimiento de una lengua, el que la haya aprendido de pequeño o se haya
formado en una lengua concreta que el que la haya aprendido de mayor.
3.2 Preparación
de una conferencia
Todos
los intérpretes sabemos que la interpretación es un trabajo oral y la traducción,
escrito. Por esta razón, por el carácter espontáneo y oral de este trabajo, se
podría pensar que el intérprete no tiene nada que preparar, que lo único que
tiene que hacer es sentarse en cabina, trabajar el tiempo que le corresponda y
al final de la reunión marcharse a casa. Y así, día tras día. Sin embargo, no
hay nada más lejos de la realidad. El trabajo del intérprete empieza mucho
antes del inicio de la reunión y no acaba al término de esta.
Casi
todos los trabajos requieren una preparación: algunos profesionales llevan a
casa expedientes para estudiarlos detenidamente porque no tienen tiempo en el
trabajo o porque quieren hacerlo mejor. El futbolista entrena o examina vídeos
de partidos anteriores de su próximo rival. Del mismo modo, el intérprete debe
preparar su próxima conferencia, dando más importancia a la que considere más
difícil o más alejada de su especialidad.
La preparación no está
pagada y el tiempo que se le dedica depende de cada intérprete. Pensemos en un
intérprete que trabaja de 9 a 12:30 y de 15 a 18:30. El tiempo que dedique a
prepararse una reunión concreta (en caso de que lo haga) dependerá de los
siguientes factores:
- conocimiento
del asunto que será tratado;
- tiempo
disponible;
- sentido
de la responsabilidad.
El
conocimiento del tema de la reunión es tan importante en el rendimiento del
intérprete de conferencias como el conocimiento de las lenguas extranjeras. La
preparación no es sólo de fondo, temática, sino también de forma, léxica. Hay
que conocer los temas que se tratarán en una reunión que pueden ser tan
variados como « La pesca de especies demersales en el Mar del Norte »
en la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo, la presentación de un recurso
en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, « Reducción de armamentos
convencionales » en la OSCE (Organización de Seguridad y Cooperación en
Europa), inspección de instalaciones de destrución de armas químicas en la OPAQ
(Organización para la Prohibición de Armas Químicas) o « Desechos espaciales »
en la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos
de la ONU. De todo lo dicho anteriormente, queda claro que no sólo hay que
conocer el tema tratado sino el vocabulario específico de cada reunión porque
puede suceder que en una reunión surjan términos desconocidos, incluso en la
lengua materna.
Además,
está claro que un intérprete no puede hablar de algo que no conoce. No se trata
únicamente de entender o no la lengua de trabajo sino de poder utilizar
palabras en la lengua activa que nunca se han oído o leído: para eso hace falta
la preparación. La primera fuente son los discursos o documentos de la reunión en
cuestión. Pero hay otras fuentes como la prensa diaria, las revistas
especializadas, libros de referencia, enciclopedias, etc.
3.3 Dificultad
de la interpretación
Hay muchos (incluidos
algunos intérpretes) que piensan que el mejor intérprete es el que más palabras
conoce en sus lenguas de trabajo o que, por la misma razón, es mejor intérprete
el « doble A » que el que sólo tiene una lengua A y varias C. No es
cierto. En efecto, si consideramos los requisitos que debe reunir el intérprete
para el desempeño de su trabajo (dominio de la lengua activa, buen conocimiento
de las lenguas de trabajo, agilidad mental, capacidad para mantener la
concentración, buena memoria, amplia cultura general, conocimiento de la
actualidad nacional e internacional, capacidad de síntesis, curiosidad
intelectual), observamos que de nueve cualidades, sólamente las dos primeras
están directamente relacionadas con esa característica. Por consiguiente, el
hecho de que un intérprete conozca « más palabras » en un idioma que otro
intérprete no significa que el primero sea mejor intérprete que el segundo.
Hay
varios factores que dificultan la práctica de la interpretación simultánea y a
los que conviene prestar mucha atención desde el principio: se trata del acento
del orador, el nivel de conocimiento de una lengua extranjera cuando el orador
se expresa en ella, la lectura de un texto
escrito[2],
la velocidad con que se pronuncia el discurso, la mala calidad de la
intervención del orador (a causa de la incoherencia de su discurso, desorden
sintáctico, nervios o desconocimiento del asunto debatido), la dificultad o caracter técnico del asunto
tratado y las malas condiciones de trabajo (cabina pequeña, frío o calor en
cabina, mala calidad del sonido, etc). Cuando se combinan todas o gran parte de
ellas, por muy bueno que sea el intérprete, su trabajo puede resultar
imposible. Lamentablemente, hay que tener en cuenta que estos factores se
combinan muy a menudo en la vida profesional del intérprete.
Normalmente,
suele suceder que en Asambleas Parlamentarias como las de la OSCE y el Consejo
de Europa o en los Plenos del Parlamento Europeo, los diputados hayan preparado
un discurso largo y denso. La mayoría intentan leerlo lo más rápido posible
porque el tiempo es limitado (a veces, dos o tres minutos por orador). No
tienen en cuenta que la interpretación es un trabajo oral, no escrito, y que
cuando se combinan tres factores: alta velocidad, discurso escrito y fuerte
acento, el trabajo del intérprete se hace muy difícil y la calidad baja.
3.4. Intérpretes y oradores
Hay muchos oradores que
creen que los intérpretes siempre tienen en cabina los discursos de los
oradores (porque la organización se los pide a ellos) y que así, cualquiera …
En realidad, la interpretación, como hemos explicado, es un trabajo oral del
mismo modo que la traducción lo es escrito. Por esa razón, no es lógico que se
le pida a un intérprete que « traduzca de oído » un discurso que un
orador culto, sea embajador, diputado, militar, hombre de negocios, etc, lee en unos minutos … cuando a este orador le
ha llevado por lo menos unas cuantas horas redactarlo. Normalmente, se trata de
discursos de varias páginas, densos, en los que se han cuidado todos los
matices y detalles. Además, se suelen leer a toda velocidad. Por esa razón, los
organizadores de conferencias suelen pedir a los oradores que presenten
informes, ponencias o que pronuncien discursos, que faciliten una copia a los
intérpretes. Esto beneficia tanto al orador (su mensaje es transmitido con
fidelidad), al intérprete (hace su trabajo en condiciones aceptables) como al
público (recibe el mensaje adecuadamente). El orador tiene que tener en cuenta
que no es lo mismo intervenir en un Parlamento nacional que en el Parlamento
europeo. Tampoco es lo mismo, presentar una ponencia ante abogados españoles
que en un Congreso de abogados de todo el mundo donde se trabaja con 5 ó 6 idiomas.
Evidentemente, lo fácil es no contenerse y hablar como siempre se ha hablado,
con acento regional, leyendo el discurso a toda velocidad porque hay poco
tiempo y se quiere decir « todo » « comiéndose las eses »
de final de palabra, uniendo los finales de palabra con los principios de la
siguiente, etc. El mismo tipo de anomalías fonéticas se producen en las
intervenciones de oradores extranjeros, mutatis
mutandi. Sin embargo, esto no redunda en beneficio del orador. Porque entre
emisor del mensaje y receptor, hay un mediador, el intérprete. Y no se le puede
pedir lo sobrenatural al intérprete.
Desgraciadamente, me atrevería a decir que de los discursos que
interpreto no recibo más del 10%. Sin embargo, con el discurso en la mano,
aunque sea cinco minutos antes de que el orador lo pronuncie, el intérprete
hará una traducción a la vista y todos saldrán ganando. Por supuesto, los
discursos escritos sólo constituyen una parte mínima del trabajo del
intérprete, porque la mayor parte del tiempo se trabaja en debates o se
interpretan intervenciones espontáneas, no escritas.
Otra
idea equivocada muy extendida entre el público en general es que los oradores
pronuncian sus discursos en una lengua impecable. Nada más lejos de la
realidad. En las organizaciones en las que el número de lenguas oficiales es
muy reducido como ONU, OSCE, OPAQ, Consejo de Europa y otras, la mayoría de los
oradores no pueden intervenir en sus lenguas maternas con lo cual se complica
el trabajo del intérprete. A veces, se pronuncian frases incomprensibles incluso
para nativos de la lengua hablada (casi siempre inglés). Así que, si ni
siquiera un anglohablante entiende a veces a un extranjero que habla en inglés,
imagínense la situación tan comprometida en la que se encuentra el intérprete a
quien pagan por entender y transmitir el mensaje…
4. Conclusión
La
interpretación ha evolucionado del mismo modo que los deportes en general, o el
ciclismo, el fútbol y el atletismo en particular. Independientemente de la
calidad de los deportistas de hace 50 años, todo el mundo está de acuerdo en
que no podrían competir con los de ahora. La preparación física de un
futbolista del Madrid o del Barcelona, donde todos los jugadores son atletas,
corren como galgos por todo el campo y defienden y atacan, hubiera sido impensable
hace cincuenta años. Del mismo modo, está claro que el último modelo de
bicicleta de Induráin no tiene nada que ver con la de Bahamontes, etc. O que,
aparte del mérito que pudieran tener los primeros intérpretes de consecutiva,
que (según la rumorología de la profesión) restituían discursos de media hora
sin tomar notas o los de Nuremberg, que trabajaban en condiciones impensables,
lo que es verdad es que solían trabajar a partir de un único idioma y no de
tres o cuatro de media como hoy día. Y además, los temas tratados en aquella
época eran políticos, ¡nada de trabajar en congresos técnicos o de tratar
infinidad de temas distintos en una misma semana como hace el intérprete del
Parlamento Europeo!
El mercado y la enseñanza de la interpretación han cambiado muchísimo en los últimos años. En 1985 cuando España ingresó en la Comunidad Europea, estábamos “subdesarrollados” en interpretación y pasaba lo mismo que en el Barcelona o en el Real Madrid actualmente: la mitad de la plantilla eran extranjeros “importados” y la mitad españoles. España no tenía intérpretes y, aparte de “fichar” a suramericanos que trabajaban para la ONU y otras organizaciones, Comisión y Parlamento Europeos organizaban cursos de seis meses para licenciados universitarios con un buen conocimiento de al menos dos lenguas comunitarias. Sólo había en España dos Escuelas Universitarias de Traductores e Intérpretes “no productivas” (salvo honrosas excepciones). Hoy día, la situación ha cambiado: hay excelentes intérpretes españoles que aprobaron los cursos de Comisión o Parlamento o que estudiaron en escuelas españolas o extranjeras y que hoy trabajan en las instituciones de la Unión Europea.
Javier del Pino Romero
Intérprete de conferencias, Profesor de
interpretación
[1] Ver « Guía del
intérprete », Javier del Pino. Próxima publicación en Editorial Playor,
Madrid.
[2] La estructura sintáctica de la
lengua escrita es más complicada que la de la lengua oral y el número de
palabras utilizadas en un mensaje escrito, mucho mayor que el de un mensaje
oral similar. A veces, en idiomas como el ruso, la frase comienza por el caso
instrumental al que siguen verbo y sujeto. En otros idiomas, como neerlandés y
alemán, el verbo viene a veces a final de frase. Todo esto supone una
dificultad añadida.