“LOS VIEJOS ROCKEROS NUNCA MUEREN”
ENTREVISTA A DANTE LIBARDI,
INTERPRETE DE CABINA ITALIANA
Javier del Pino
Dan que pensar nuestras
quejas cuando nos ponen una pantalla de diapositivas que tapa la vision de la
cabina sobre la sala « porque no se puede trabajar sin visión
directa » o cuando no nos distribuyen los discursos que los delegados en
la reunión leerán después a toda velocidad « porque la lengua escrita no
es la misma que la oral ». Son obstáculos con los que choca Dante Libardi
todos los días y que supera con éxito. A Dante, se le puede ver por las mañanas
escuchando atentamente la lectura que del orden del día de la reunión le hace
su esposa, Emilia. También de los discursos…cuando los hay.
“La invidencia, a veces, puede
crear dificultades”, dice Dante. “Lo importante es que se puedan superar aunque me he dado cuenta por
experiencias pasadas de que algunos empleadores se asustan, piensan que los
invidentes no pueden hacer ciertas cosas y esto les pone en desventaja”.
Dante es parte de la historia de la OSCE, como el tratado de
Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE) o el Documento de Viena. Dante
es un « hombre orquesta ». Tiene todas las lenguas oficiales de la
OSCE : alemán, español, francés, inglés y ruso en cabina italiana. Se dice
pronto…
Dante nació en Trento (Italia) hace
74 años y empezó a trabajar de intérprete hace 45 años. Estudió lenguas
clásicas en la Universidad de Padua y Filosofía en Bolonia. Ha trabajado
muchísimo en el mercado privado italiano, principalmente, en congresos de
abogados, notarios, médicos y para el Tribunal de Cuentas. También trabajó durante algunos años en las conferencias de la Unión de Europa Occidental
(UEO) y en reuniones de la Comisión Europea. En los años 60, empezó a
trabajar en conferencias del Vaticano, sobre todo para Cáritas, Justicia y Paz y Congresos laicos, etc. Al principio, interpretó algunas veces del latín al italiano pero desde el Concilio
Vaticano II, se abandonó el latín en estas reuniones. Según Dante, “el trabajo
en el Vaticano se diferencia del trabajo en otros foros por los temas tratados:
teología, moral, etc, lo que requiere un conocimiento bastante profundo de la
iglesia si se quiere trabajar bien. Además, el entorno es muy especial. El
contacto con los oradores es muy amistoso, especialmente cuando se trabaja con
órdenes religiosas, donde reina un espíritu de fraternidad y amistad sin
igual”.
Durante años, trabajó casi como intérprete único para el Instituto
Goethe en Roma en conferencias dadas por oradores alemanes que él interpretaba
al italiano. Era un trabajo muy interesante y fueron años muy activos. Al mismo
tiempo, trabajaba en el servicio de escucha de las radios extranjeras adscrito
a la Presidencia del Gobierno y traducía lo que el Jefe consideraba interesante.
Por ejemplo, radio Israel en inglés en el año 1956, el año del Canal de Suez;
radio China en ruso durante la Revolución Cultural, radio España independiente
durante los años más calientes de la oposición a Franco, con discursos, entre
otros, de Dolores Ibarruri “la Pasionaria”, de Santiago Carrillo, el Secretario
General del Partido Comunista de España y
de otros. Del rumano, también. “Recuerdo que traducía por la tarde,
entregaba por la noche el trabajo a un chófer y lo publicaban en un boletín
especial para el Presidente del Gobierno que lo recibía en su mesa de trabajo
al día siguiente por la mañana”. El trabajo con los servicios de
traducción de la presidencia del gobierno lo dejó en el año 1968. Luego aceptó
un puesto de profesor de filosofía en un Instituto Nacional de Enseñanza Media
de Roma y estuvo dando clase hasta 1983. Al mismo tiempo, en su tiempo libre
trabajaba de intérprete y durante un tiempo, trabajó muy a menudo en los
programas de la RAI.
Para la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE),
empezó a trabajar dos años después de su creación, en 1977. En este momento,
trabaja medio año para la OSCE. “Aunque me siguen ofreciendo trabajo en Italia
acepto poco, sólo lo que me interesa mucho como los congresos de filosofía, historia,
sociología, etc, que interpreto con mucho gusto”.
Pero no sólamente ha
trabajado como intérprete o profesor, también ha trabajado como traductor entre
otros para el ENI, un grupo petrolero, y para el ministerio de Defensa,
principalmente del ruso al italiano y del rumano al italiano. Durante unos años
trabajó como asesor internacional de educación en el Instituto Nacional para
Educadores de Invidentes y tuvo la oportunidad de traducir algunos libros de
Tiflopedagogia que se siguen utilizando en Italia. “Lo hice con mucho gusto,
para ayudar, desinteresadamente, pero este trabajo me dio la oportunidad de
viajar con esta organización a una conferencia internacional de educadores de
invidentes en Boston, Estados Unidos y allí tuve la feliz oportunidad de conocer
a los delegados españoles que me pusieron en contacto con El libro hablado de
Madrid, uno de los maravillosos servicios de la ONCE (Organización Nacional de
Ciegos de España). Son libros grabados y revistas muy interesantes que la ONCE
sigue enviándome que me han ayudado mucho y si sigo hablando español hoy día lo
debo en gran medida a esta lectura”.
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Nuestra entrevista tiene
lugar en su despacho. En la parte izquierda de la mesa, veo una radio Sony
intercontinental conectada a una grabadora, a la derecha un mueble archivador
de cintas audio, en el centro de la mesa su tabla de alfabeto Braille junto a
un fajo de papeles escritos en Braille. Es su diccionario... Junto a Dante,
Emilia, que irá apuntando detalles de la vida de Dante que a este se le olvidan
o a los que no le da importancia. Empezamos…
P. Dante,
veo sobre la mesa que tienes una buena radio, una Sony intercontinental, la mejor, creo. Yo tengo la misma que compré
para escuchar la radio rusa y por cierto, vale una pasta… A mí me costo 20.000
francos belgas pero fue una buena inversión.
R. Sí. Es verdad. Tenemos una buena radio.
Escucho programas rusos y grabo los reportajes técnicos que después vuelvo a
escuchar, para “trabajarmelos”. Mi conocimiento práctico de los idiomas se lo
debo, en gran medida, a la radio, mi gran maestra. De pequeño, escuchaba
programas en francés y alemán. Recuerdo que durante la guerra los ingleses
daban clase de inglés para italianos. Yo los escuchaba y ese fue mi
entrenamiento en inglés, idioma que nunca estudié en la escuela pero que
siempre escuché y leí. Escuchaba la radio todo el día y parte de la noche. Era
un ejercicio muy útil.
Durante la guerra, estaba prohibido escuchar emisoras extranjeras.
Sólo podíamos escuchar las alemanas y las italianas. En mi casa nadie entendía
inglés y no queríamos escuchar la radio alemana ni la inglesa en italiano
porque como decía mi familia “nos cuentan lo que les da la gana”. Entonces,
decidimos oir lo que los ingleses contaban a los ingleses. Empezamos a
reunirnos por la noche. Toda la familia se sentaba en torno a mí, cerrábamos
todas las ventanas - ya te he dicho que la radio extranjera estaba prohibida, y
yo traducía los programas para todos. Era un espectáculo. Esa fue mi primera
práctica de interpretación.
P. Me
has dejado “pasmao”, Dante. Pero aclárame una cosa, te oigo decir, “busco las
palabras en el diccionario”, “leo” los discursos, etc. Perdona, pero, ¿cómo te
las apañas? Siendo invidente… Y díme también otra cosa, ¿perdiste la vista o naciste
sin vista?
R. Cuando era pequeño sí que veía pero
perdí la vista gradualmente. A los cuatro años ya no veía casi nada y tuve que
pasar los años de la enseñanza primaria en una escuela especial.
Te explico la razón de que use la primera persona del singular:
resulta que todos estos estudios no los hubiera podido hacer tan fácilmente sin
la ayuda de alguien que me leyera textos. Emilia, mi mujer, me ha ayudado
muchísimo. No sólo cuando yo escribía, muy rápido, porque yo era buen
mecanógrafo... El problema es que luego había que corregir los textos y en esa
época no había ordenadores. Trabajaba con paciencia, buscaba en el diccionario,
etc. Hemos trabajado muchas horas juntos. La colaboración dio sus frutos y nos
unió más. En suma, a eso le llamo yo mancomunación de esfuerzos y energías. Por
eso cuando digo “yo”, en realidad, estoy diciendo “nosotros”. Además, Emilia me lee en todos mis lenguas de
trabajo. No tiene problema para leer en ruso aunque no conozca este idioma
porque aprendió griego clásico y el alfabeto se parece bastante al cirílico.
P. ¿Cuándo
decidiste ser intérprete?
R. En 1948, estaba preparando mi primera
tesis y escuché en la radio un programa de la ONU, un discurso en ruso con
interpretación simultánea al inglés. Yo entendía el ruso y el inglés y fue
entonces cuando llegué a la conclusión de que eso lo podía hacer yo también
hacia el italiano, que no era imposible. Así fue como me dí cuenta de que
existía el trabajo de interpretación simultánea y al mismo tiempo, de que yo
podía hacerlo desde mis lenguas de trabajo. Unos años despues, me puse en
contacto con la FAO y me ofrecieron trabajo. Durante unos años, trabajé
esporádicamente cuando había conferencias de la FAO.
P. Creo
que has sido cocinero antes que fraile, vamos, que has aprendido idiomas sobre
la marcha… y realizando trabajos distintos del de intérprete como nos acabas de
decir. Pero explícanos, ¿cómo aprendiste tus lenguas de trabajo ?
R. La
explicación no es fácil. Siempre estuve interesado en los idiomas porque me
interesaba el mundo de la comunicación. En situación de invidencia es todavía
más importante que en otros casos. Desde muy joven, ya quería estudiar idiomas
y tuve un importante estímulo porque vivía con mi familia en una región de
Italia prácticamente bilingüe. Así que tenía a menudo la oportunidad de hablar
con primos o amigos de habla alemana. Esto me incitó a interesarme por otros
idiomas. Así que a los 10 años ya había leído una gramática española y una
francesa. En un primer momento, mi idea era poder pronunciar correctamente las
palabras en esos idiomas. Después me gustaron esos idiomas y me puse a
estudiarlos más en serio. Luego vendrían los demás pero tengo que decir que
desde siempre mi interés por los idiomas fue científico. Mi objetivo era comprender
otras lenguas pero me interesaba especialmente el estudio de la evolución de
los idiomas y de sus afinidades, en resumidas cuentas, de la lingüística como
ciencia.
Cuando llegué a la universidad
tenía la intención de profundizar en el estudio de la lingüística general y,
una vez acabada la carrera, trabajar de profesor en una universidad pero en
este tipo de actividad hay que investigar durante años sin remuneración si se
pretende entrar en la comunidad universitaria y este era un lujo que yo no podía
permitirme, así que seguí estudiando idiomas desde una perspectiva científica
pero también práctica, o sea preparándome para una carrera que me permitiera
ganarme la vida.
Por otra parte, lo que más me
interesaba eran la filosofía y la historia, por lo que después de doctorarme en
lenguas clásicas conseguí otro doctorado en filosofía y aprobé mis oposiciones
a cátedra en un Instituto de Bachillerato del Estado. Me propusieron una plaza
pero en aquel entonces no me interesaba porque quería vivir en Roma donde había
encontrado un empleo. Tenía entonces 24 años.
Como empecé a estudiar idiomas desde esa perspectiva
científica-teórica, entré en contacto con otros idiomas que no interpreto, como
el rumano, el neerlandés, el árabe y otros. Como estudiaba filología germánica,
una de las lenguas de mi programa era neerlandés, que no hablo pero entiendo.
Lo mismo puedo decir del portugués y el rumano aunque estos los hablo mejor.
Tambien me interesó durante un tiempo el árabe, lengua que estudié varios años
con un buen profesor de árabe aunque como no lo practico se me va olvidando
poco a poco. Además, tengo nociones de hebreo clásico, la lengua de la biblia,
cuyo conocimiento me ayudó mucho en el estudio del árabe porque como sabes, son
lenguas de la misma familia semítica. Mi aspiración era saber de donde viene
cada palabra, conocer su origen, evolución y extensión geográfica, estructura
de los idiomas y gramática comparada.
Un buen ejercicio que me ayudó muchísimo en mi formación lingüística
fue la traducción, o la transcripción de las grabaciones de discursos
pronunciados en congresos. Los organizadores querían por escrito las
intervenciones y yo las mecanografiaba escuchando las grabaciones, que a menudo
eran malísimas. A veces, también las traducía al italiano. Por cierto, lo peor
era traducir a los japoneses y a los indios que hablaban bastante mal inglés.
R. Sí, es verdad. Me propusieron trabajar
en la Escuela de Roma preparando a los futuros intérpretes. Empecé a dar clase
en el año 1955. Desgraciadamente, era una escuela privada cuya finalidad era
sacarle el dinero a los estudiantes. Trabajé en esa escuela unos 2 años hasta
que llegué a la conclusión de que lo que importaba allí no era que los
estudiantes aprendieran idiomas ni interpretación sino que pagaran. Yo me daba
cuenta de que algunos chicos no servían. Como sabes, no sólamente hay que
conocer idiomas para trabajar de intérprete, también hay que tener reflejos
rápidos, un buen conocimiento de la actualidad, cultura, resistencia física,
rapidez de locución, paciencia con los oradores (a veces dan ganas de
interrumpirles) y también con los colegas. Cuando veía que algunos alumnos no
daban la talla y se equivocaban constantemente les hablaba con toda franqueza,
cosa que no gustaba a la dirección. Así que dejé la escuela para no engañar a
los jóvenes y decirles que podían hacer lo que en realidad no podían.
Personalmente, nunca estudié en una escuela de intérpretes. Mi generación
nació “aprendida”, como dicen en Nápoles. Nuestra formación la conseguimos a
base de días de trabajo y a costa de los pobres que nos tenían que escuchar,
porque no se sabe lo mismo el primer día de trabajo que tras cuarenta años de
experiencia…
P. Dante,
explícate, porqué quieres “interrumpir” a algunos oradores. ¿Estás hablando de
aquí, de los militares de la OSCE, o de otro foro? Ya sabes que aquí se
mosquean rápidamente por un “quítame allá ese término”…
R. A veces hay oradores que no tienen en cuenta que hay un ser
humano en cabina y que incluso los intérpretes experimentados necesitan tiempo
para pensar. No, no les echo la culpa a los oradores de la OSCE sino a “algunos oradores” en general.
Como sabes, si hablan o, especialmente, leen muy deprisa a veces se vuelve
imposible interpretarles.
P. ¿Cómo
preparas las reuniones, el trabajo en general?
R. Tomo notas en sistema Braille, muy útil
para ayudarme a preparar las reuniones. Tengo todos mis glosarios y apuntes en
Braille. Sin embargo, lo que más me ayuda son la grabación de textos y
documentos interesantes que luego escucho tomando notas y buscando términos
técnicos en el diccionario. Cuando digo “tengo que buscar en el diccionario” o
“leo los documentos” estoy hablando, como ya te he dicho, de Emilia que es “mis
ojos”. También, tengo amigas en Roma que me han dedicado mucho tiempo
desinteresadamente. Son señoras jubiladas que disponían de tiempo y disfrutaban
leyéndome los textos, discursos o libros que me interesaban. Yo, si tenía un libro
que me interesara, se lo daba a alguna y ellas me lo grababan porque Emilia no
puede estar leyéndome todo el tiempo. Una señora rusa, Nina, me ayudó mucho
leyéndome textos en ruso.
En cabina tengo un tablero Braille con el que voy tomando nota de lo
que me parece interesante o de los términos sobre los que quiero profundizar
después. En cuanto a la preparación, creo que hay dos tipos: la inmediata,
cuando mi mujer o algun colega me lee un discurso que van a pronunciar en la
misma sesión. La segunda forma de preparación consiste en llevarme a casa y
estudiar los documentos que me parecen interesantes, por supuesto con la ayuda
de Emilia. Por otra parte, hay que estar al tanto siempre de lo que pasa en el
mundo así que siempre escucho la radio rusa, sobre todo, Radio Moscú y Radio
Libertad, y un poco de la alemana, Radio Exterior de España, BBC y la Voz de
América. Esto me permite al mismo tiempo entererarme de la situación económica
y política, y adquirir un patrimonio lingüístico procedente del lenguaje vivo,
actual. En mi caso, esta actividad reduce la necesidad de leer periódicos.
P. ¿A
qué personalidades has interpretado durante tu vida profesional? ¿Cuál te ha
impresionado más?
R. Del italiano al español, he interpretado
a Aldo Moro y a Giulio Andreotti entre otros. Del alemán al italiano, he
interpretado a políticos como Adenauer y Kohl. Del francés al italiano, he
interpretado a menudo en la RAI las intervenciones de De Gaulle al pueblo
francés en 1958 y a Giscard d’Estaing. También interpreté las declaraciones del
cirujano surafricano Barnard con motivo de su famoso primer transplante de
corazón. Del ruso, al gran director de cine ruso de « Nostalgia », al
Secretario General del Partido Comunista de la URSS, Nikita Jrushiov y al director
del periódico Izvestia, Ajuvei, yerno de Jrushiov, al ex ministro de Asuntos
Exteriores de la URSS, Eduard Shevardnadze. Del inglés, a tres presidentes
norteamericanos, Reagan, Carter y Nixon. Del español al italiano, al ex
Presidente del Gobierno de España, Felipe González, al Rey Juan Carlos y a
Santiago Carrillo, secretario general del PCE español.
No quiero hablar de las personas. Lo que te
puedo decir es que lo que sí me impresionó a principios de los 90 no fueron las
personas sino « las actitudes » y los acontecimientos. La historia en
movimiento. Me impresionó ver que las mismas personas que antes hablaban de una
manera cambiaran radicalmente de la noche a la mañana. Ahí pude observar la
naturaleza oculta de la política. Todo se vino abajo. Esta es una faceta nueva
de la historia que nunca había vivido y que como profesor de historia me
interesó especialmente. Me explico: la segunda guerra mundial duró años en
Italia y por eso nos dio tiempo para ver lo que iba a cambiar. Pero los cambios
de 1990-91 fueron repentinos. Yo en ese sentido soy pesimista, no para quejarme
de los cambios sino por haber observado como todo puede cambiar tan de repente.
P. ¿Cuál
ha sido el sitio o la organización donde has trabajado o trabajas que más te ha
gustado y porqué ?
R. He
estado en congresos interesantes en lugares inolvidables donde he trabajado
poco y disfrutado mucho. Te puedo mencionar por ejemplo los que he hecho para
la «Asociación del Notariado Latino», cuyos miembros son representantes de
países donde se aplica el Derecho Romano (Italia, España, Francia, Alemania,
Austria, países de América, etc). Esta asociación organizó varios congresos con
muchas visitas y poco trabajo…
También recuerdo, por otros motivos, los primeros años del Mercado
Común en Bruselas, en los 60 cuando nacía la nueva Europa, cuando se abordaban
los grandes problemas, algunos de los cuales siguen hoy vigentes. Las
negociaciones y transacciones de entonces me parecieron interesantísimas.
P. Tienes
mucho morro Dante por la primera parte de tu respuesta anterior aunque los
intérpretes te entendemos perfectamente… Pero en fin, cambiando de tema. Tú que
tienes tan amplia experiencia, que has trabajado para tanta gente, ¿puedes
decir con conocimiento de causa si es posible la perfección en la interpretación ?
R. Creo que hay dos tipos de
interpretación, la técnico-científica y la cultural-literaria. En la primera,
si los oradores ayudan, se puede llegar a la perfección. En la segunda, y me
refiero a los congresos de historia, filosofía, teología, sociología, etc, es
más difícil porque la diferencia de matices entre las lenguas es tal que a
veces no se puede dar una traducción completamente satisfactoria sobre todo si
consideramos que un traductor se pasa horas para traducir un texto y a veces no
encuentra una solución satisfactoria. ¡Imagínate en interpretación
simultánea ! Se puede obtener una buena interpretación buena pero
perdiendo ciertos matices, detalles.
P. ¿Y
la interpretación en la OSCE en cuál de los dos grupos la sitúas ?
R. En las sesiones de la OSCE hay de todo: intervenciones
políticas, a menudo sin texto, que son las que dan más satisfacción, e
intervenciones técnicas, militares, diplomáticas, jurídicas…. También hay
redacción de textos donde se pide exactitud y fidelidad absoluta. Pero en
general, militares y políticos quieren que sus homólogos entiendan
« palabra por palabra ». A veces, las traducciones de los textos
escritos suenan horribles porque se les impone a los traductores. Por ejemplo:
si a un grupo de dos palabras rusas le corresponde una sola en italiano va a
llegar el experto a regañar al traductor o al intérprete porque « falta
una palabra » y le va a obligar a poner otra que no aporta más que el
hecho de que con la primera ya suma dos palabras. Por otra parte, también es
verdad que los delegados agradecen el trabajo de los intérpretes.
P. Dante: ¿te gusta tu trabajo? En caso
afirmativo, ¿Porqué? ¿Qué piensas de los intérpretes que creen que son más
listos que los oradores?
R. Sí que me gusta porque creo que es una
forma de comunicación que de alguna forma está relacionada con lo que hice en
mi trabajo de profesor: transmitir ideas de una lengua a otra a los que no
pueden percibirlas sin ayuda de un mediador. A veces, tengo la impresión de que
el trabajo de profesor enriquece tanto al que da como al que recibe mientras
que el de intérprete es repetitivo. Somos como máquinas: oímos un sonido y lo
repetimos.
En todas las profesiones hay gente así, “listillos” que se creen
mejores que los demás. Pero en general, sucede que o no les gusta su trabajo o
bien son hipercríticos y por cierto, los que siempre andan quejándose no suelen
ser los mejores. Echan la culpa por las dificultades que ellos experimentan a
los demás: oradores, compañeros, cabinas, etc.
En nuestra profesión se observa con más claridad que en otra el
fenómeno de la “prima donna”: los que se creen que son indispensables y actúan
como si el universo girara en torno a ellos. Sin embargo, creo que ha habido un
cambio de mentalidad con la llegada de una nueva generación de intérpretes
jóvenes. Mientras que muchos de los primeros se consideraban indispensables,
los de ahora se han dado cuenta de que no son sino un eslabón del engranaje de
las conferencias internacionales.
P. Tienes
una hija que también es intérprete. ¿Eres tú quien le ha transmitido el
“gusanillo de la interpretación”?
R. En cierto sentido sí, porque a los doce
años ya me leía textos para preparar congresos en francés, español e inglés.
Luego vendría el alemán. Cuando acabó sus estudios y se doctoró en lenguas
modernas, intenté ponerla a prueba para ver si reunía los requisitos para el
trabajo de intérprete. Llegué a la conclusión de que podía hacerlo. Después, le
ofrecieron una beca en Bruselas e hizo un curso de seis meses en la Comisión
Europea. Luego, empezó a trabajar como no permanente.
P. ¿Qué haces en tu tiempo libre?
R. La verdad es que no tengo muchos
pasatiempos aparte de hacer gimnasia y de dar largos paseos en la montaña y en
el campo. También me interesa mucho la música y especialmente la clásica que me
ayuda siempre a restablecer mi serenidad y confianza. Viena, en este sentido,
ofrece lo mejor. Antes, me gustaba mucho viajar aunque ahora un poco menos.
Está claro que por mi trabajo he visitado muchos países de Europa, Estados Unidos,
América del Sur. Mi principal afición es la lectura y mis planes cuando deje de
trabajar son hacer algo para los demás. Por ejemplo, ayudar en los estudios de
idiomas, o bien como conferenciante sobre problemas de educación, historia,
filosofía, etc, pero desinteresadamente. Esto es lo que deseo hacer cuando me
jubile definitivamente aunque me gusta trabajar y creo que seguiré trabajando
todavía unos cuantos años más.
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Como Dante, hay pocos
intérpretes. Por el bien de la delegación italiana le deseamos que siga muchos
años al pie del cañón, sobre todo teniendo en cuenta la rareza de un intérprete
con esa combinación.